Autor: Jonathan Le Bouffartique

Carta abierta al colombiano “mala leche”

Por estos días, se respira un ambiente de fe, de perdón, de reconciliación en Bogotá, y en general, en cada uno de los rincones del país donde la señal de televisión lleva el registro minuto a minuto de la visita de un Sumo Pontífice, luego de más de treinta años de no pisar suelo colombiano. Pero también se respira un hálito de mala leche y de inconformismo al interior de una sociedad convulsa que poco o nada sabe qué es lo que quiere. Que no conoce bien su norte y que hace lo que esté a su alcance por ridiculizar al otro. Pese a esto, es una sociedad que no baja la guardia ni desiste en la idea de ver su país en paz. Una paz que no solo esté en el papel, sino también en los campos y las ciudades que alguna vez estuvieron envueltas en el oscuro lastre de la guerra.

Y es que poco importa cuál sea el credo que pregone usted y todo aquel que está leyendo esto. Usted podría ser protestante, mormón, cristiano, anglicano o católico. Incluso, estar en plena libertad de ser creyente o no; pero el mensaje que deja la visita del Papa Francisco a Colombia es contundente. Es universal. Pero lejos de las raíces espirituales de cada quien, su discurso no está lejos de ser también, un mensaje con sentido social y político. Sería una cínica y soberbia afirmación declarar que su viaje desde Roma tiene el propósito único de evangelizar y pregonar la palabra de Dios. Sus intenciones van más allá de consolidar una vieja y degradada imagen de la iglesia.

Pero no hablaremos tanto sobre los mala leche, los de actitud arrogante, crítica y poco constructiva de la gente; es más que suficiente la popularidad que adquieren fácilmente con el odio en las redes sociales y se diseminan como pólvora por la internet. Como Fernando Vallejo. Él sí que sabe de eso. Ha ganado más reconocimiento por su escepticismo, que por sus propios libros. Ni hablar de Galat que con su demencia senil llena tabloides y chivas amarillistas de cuanto medio quiere dar un poco de qué hablar. Precisamente, el mensaje que ha dado hoy el Papa a los jóvenes y a los Obispos en su discurso ha sido el hablarle a los corazones de todos, incluso, al de sus detractores y la iglesia que representa.

Es verdad. Muchos están en la plena libertad de rechazar la visita del Papa Francisco. En opinar, en controvertir y hasta en especular todo cuanto quisieran; pero nunca debería permitírseles, ni a ellos ni a nadie, señalar o cuestionar la fe de los demás incluso, hasta llegar al punto de insultar. ¿Hasta qué punto se puede tolerar lo intolerante? En palabras de él, que constituye un lenguaje universal, ¿de qué sirve ganar el mundo si se tiene el alma vacía? El asunto está en llenarla como se pueda. Paradójicamente, la corrupción de nuestro país la ha llenado alimentando el narcotráfico y engordando los paraísos fiscales. Cuán diferente podría ser nuestra realidad si aprendiéramos lecciones tan básicas como estas.

Reconozco, aún en mi calidad de no practicante de la fe católica, que la iglesia ha mantenido por años, e incluso por siglos, un pasado oscuro del cual es penoso echar un vistazo atrás. No por esto, debe condenársele persecula seculorum. Pregonar el discurso de la vieja iglesia, corrupta, también está mandado a recoger. Reconozcamos que somos una sociedad mala leche, que inconforme, no ha podido cerrar la brecha de los resentimientos y las inequidades que la aquejan a diario. Así como no podemos pasar de agache lo anterior, también es sensato reconocer que hasta hace muy poco, se renueva en la procura de promover el librepensamiento y la separación de un único dogma.

El ecumenismo del Papa Francisco hoy busca recordarnos a todos, el importante rol que jugamos como ciudadanos, como servidores públicos, como maestros, como políticos (opositores o del gobierno) y cualquiera de su naturaleza, como médicos, como obispos. Como una sola sociedad. Como seres humanos y como hacedores de paz. Como hombres y mujeres que ocupamos y hacemos un lugar en la historia. Es una invitación a apropiarnos de lo nuestro, a defender la Amazonia, a no dejar que nos arrebaten la alegría y la esperanza, a no temerle al futuro y atrevernos a soñar en grande, a descubrir la Colombia profunda. Es un consuelo reconfortante para un pueblo que despierta y comienza a construir la utopía de su paz después de los días oscuros de su historia.

 

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Un empujón al cielo: La muerte de “la sonrisa de Dios”

¿Realmente conocemos la historia? Para ser sinceros, no mucho. Los testimonios de cronistas, que pudieran estar o no tergiversados, son las únicas fuentes que tenemos como prueba. Ni siquiera en tiempos recientes tan aquejados de sobreinformación, es del todo confiable la narración de los hechos que suceden. Pero en medio de este laberinto de interrogantes se vuelve más farragoso cuando se refiere a las circunstancias que rodean la muerte violenta de un dignatario o de una relevante figura pública. Y siempre quedan dudas. ¿Quién ejecutó cada uno de los magnicidios que han pasado a la historia como casos misteriosos sin resolver? ¿Quién o qué estaba detrás de su muerte? Resulta una lástima que en aquellos tiempos no existiera CSI: Crime Scene Investigation; aunque como ya queda demostrado, las investigaciones a fondo no siempre interesan. Así sucedió con Juan Pablo I, el último pontífice asesinado, conocido como la sonrisa de Dios.

Para la iglesia católica, la figura del Papa encarna al sucesor de aquel hombre a quien el propio Jesucristo llamó y consideró el primero de sus apóstoles: Simón Pedro. Incluso, el evangelio de Mateo relata de manera  detallada que fue él quien le encargó esta función a su discípulo. Así, Pedro fue elegido como el primer monarca de la Iglesia y desde entonces hasta hoy, han sido 266 los pontífices que se han sentado en su cátedra. Pero hay antecedentes para afirmar que han sido pocos los que han muerto de manera plácida en su cama. Al menos, ocho han sido crucificados; dos, han sido degollados; cuatro, apaleados y apuñalados; uno, sumergido en aceite hirviendo; uno más, torturado hasta la muerte; otro, arrojado al mar con un ancla atada al cuello; cuatro, decapitados, diecisiete más, envenenados; siete, estrangulados; otro más, asfixiado con una almohada; y dos fulminados a martillazos en el cráneo.

Tendrían que pasar 220 años (el último asesinato data de 1769), para que se volviera a hablar de la conspiración para asesinar a un sumo pontífice. Con la llegada a la cúspide jerárquica de Albino Luciani, se cierra el capítulo de uno de los papados más cortos de la historia, así como también el último en ser italiano y dirigir la iglesia católica. En tan solo nueve horas de cónclave y con 110 votaciones en favor, Luciani fue elegido por el Colegio cardenalicio. De inmediato y tras el arribo de este hombre mucho más liberal que su antecesor, los departamentos de finanzas del Banco Vaticano comenzaron a quemar documentos para evitar una posible investigación. Para el arzobispo Paul Marcinkus, comúnmente llamado el banquero del Papa, no le habría sido sencillo explicar los movimientos financieros realizados en nombre de Dios.

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Durante el cónclave en el que fue elegido, el cardenal Luciani fue conducido a la camera lacrimatoria y luego de varios minutos, asintió afirmativamente sobre la aceptación de su cargo como nuevo monarca, llamándose a sí mismo Juan Pablo. Decidió llamarse así, por sus dos predecesores: Juan, por Juan XXIII, quien lo hizo Obispo en 1958; y Pablo, por ser Pablo VI quien lo nombró Patriarca de Venecia en 1969. Paradójicamente, el cardenal Pericle Felici, protodiácono encargado de preguntarle su nuevo nombre, y ya una vez sabido, dijo «Llámese entonces Juan Pablo I», cometiendo el gravísimo error al decir ‘primero’, cuando en dicho caso, nunca se nombra. Albino Luciani, quien se dio cuenta del fallo, contestó: «Sea mi nombre Juan Pablo I, ya que muy pronto el segundo vendrá». Lo que para entonces pareció una rocambolesca sentencia anticipada, prontamente sería un escándalo de gran magnitud.

En las reuniones anteriores al cónclave, el cardenal Giovanni Benelli había comentado ante los sorprendidos cardenales que el próximo papa se encontraría con una situación financiera de la iglesia «no solamente crítica, sino a punto de reventar». El cardenal camarlengo Jean Villot, que estaba cerca, oyó las advertencias y pidió silencio. No obstante, para dicho cónclave, se tenía la casi segura elección del cardenal de Florencia, Giusseppe Siri; pero para sorpresa de muchos, el cardenal Luciani fue el elegido para suceder a Pablo VI. Días después de su nombramiento, Juan Pablo I encontraría en su despacho una copia del informe de la Oficina Italiana de Control Bursátil, la UIC, sobre las oscuras operaciones del IOR (Instituto para las Obras de Religión). De seguro, alguien misteriosamente había decidido dejarle la primera pista sobre los turbios negocios que estaba llevando a cabo el Banco Vaticano.

El 12 de septiembre de 1978, en el diario L´Osservatore Politico se publicó un artículo del periodista Carmine Pecorelli en el que aparecía una lista de 121 masones vaticanos, entre los que se encontraban Jean Villot (el cardenal camarlengo y Secretario de Estado), Ugo Poletti (el cardenal Vicario de Roma) y Paul Marcinkus (el banquero del Papa). La fuente de Mino Pecorelli era totalmente fiable, ya que él mismo había decidido contarlo todo tras su salida de la logia masónica Propaganda Due (P-2). Pero como si fuera poco, el periodista apareció seis meses después asesinado de un tiro en la mandíbula. La Propaganda Due (P-2) fue la misma logia de masones que estuvo detrás del asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro, en mayo de ese mismo año.

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En dicho informe que encontró el Papa en su escritorio, se reveló que el ministerio de Finanzas italiano estaba preocupado por los abusos del comercio de moneda, así como la desestabilización de la lira frente a otras divisas en el extranjero. Entonces, Juan Pablo I pidió a los directivos la explicación sobre la penosa investigación a la Banca Ambrosiana por parte del Banco de Italia. El 17 de septiembre, Juan Pablo I y Giovanni Da Nicola, un espía de la Santa Alianza, se reunieron para éste le explicara al Sumo Pontífice toda la trama que rodeaba al IOR, el Banco Ambrosiano y Propaganda Due. Dicho informe fue llamado IOR-Banca Vaticana. Situación y proceso. Para el día 23 del mismo mes, Juan Pablo I ya tenía en sus manos la totalidad de la investigación. La verdad estaba por salir a la luz, aunque el escándalo del Banco de Dios fuera visto con desidia por miles de fieles.

Aquel jueves 28 de septiembre comenzó temprano para Juan Pablo I: una oración en su capilla privada, desayuno ligero mientras escuchaba los informativos de la RAI y una primera toma de contacto con sus secretarios, el sacerdote irlandés John Magee y el italiano Diego de Lorenzi. Todo esto antes de las nueve de la mañana. A esa hora, comenzaron las audiencias. Sobre las dos, se retiró a almorzar con el cardenal camarlengo Jean Villot. A primera hora de la tarde, el Papa se dedicó a revisar papeles y cartas personales. Después se volvió a reunir con Villot para despachar otros asuntos de la Santa Sede. A las ocho de la noche se retiró para rezar el rosario, tras lo cual se sirvió la cena a base de sopa, judías y un poco de queso fresco. Una hora más tarde se puso frente al televisor para ver los informativos de la noche. Pidió a Sor Vincenza que le llevara una bandeja con agua a la habitación, y a las nueve y media de la noche cerró las puertas de su dormitorio. Así terminó su día número 33 como pontífice. El último.

¿Quién encontró el cadáver? La versión oficial, es decir, la que proporcionó El Vaticano a los medios, sostiene que el primero en entrar al día siguiente en la habitación fue su secretario, el sacerdote John Magee. La extraoficial y la verdadera señala a la monja sor Vincenza Taffarrell. A las cinco y cuarenta, como cada mañana, Sor Vincenza tocó la puerta con los nudillos para despertar al sumo pontífice. Llamó insistentemente una y otra vez, pero no obtuvo respuesta. Al entrar, encontró la luz de la mesilla encendida y el cuerpo de Juan Pablo I inmóvil. Estaba muerto.

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Sor Vincenza salió rápidamente del cuarto, poniendo en movimiento a la engrasada maquinaria vaticana, al avisar a Magee. Éste, llamó a Villot y al decano del Sacro Colegio Cardenalicio, Confalonieri. En el interior de la habitación, la confusión era total. El médico del Papa, el doctor Renato Buzzonetti, concluyó que la muerte se produjo sobre las once y treinta de la noche por infarto agudo del miocardio. La comisión médica cardenalicia se mostró conforme. Luego de la muerte del Papa, cinco días después, el cuerpo de Giovanni Da Nicola, el espía de la Santa Alianza que colaboró en esta investigación, también fue hallado sin vida. También, el cardenal diácono Pericle Felici, fue asesinado en 1982. Paradójicamente, su sucesor, Juan Pablo II, decidió ordenar el secreto Pontificio para el dossier de la investigación. Hoy por hoy, el informe permanece en el Archivo Secreto Vaticano. Como otros tantos. Además, el nuevo Papa ratificó a Villot como Secretario de Estado y a Marcinkus como presidente del Banco Vaticano.

¿Pero por qué se dijo que el Papa sufría del corazón, cuando su médico de cabecera, el doctor Antonio Da Ros, rechazó tal hipótesis? ¿Por qué el termo de café caliente que cada mañana y a la misma hora le llevaba sor Vincenza al pontífice, y que estaba intacto cuando se descubrió el cadáver, desapareció poco después sin dejar rastro? ¿Por qué y quién ordenó la retirada de la vigilancia al papa Juan Pablo I la noche anterior? ¿Por qué se dijo que no se había realizado ninguna autopsia al cuerpo, cuando fueron tres? ¿Muerte natural o asesinato? Muchas preguntas, respuestas archivadas.

Disney: Una parajoja bizantina

Nada resulta sorprendente por estos días que cientos de hordas homofóbicas se alcen en críticas contra la nueva película de Walt Disney Pictures, La Bella Y La Bestia. Y es que era de esperarse que ese fugaz beso entre LeFou y Gastón, personajes de la cinta, encendieran la mecha que alimentaría la furia de retardatarios y censurantes bizantinos. Lo que sí sorprende, es la paulatina evolución del lenguaje sobre el cual se construyeron los grandes clásicos del cine infantil con el que muchos crecimos, pasando de la metáfora a lo explícito y lo menos fantasioso. Un lenguaje que rompiera tabús. Uno, al que no se le escapara ni el más mínimo detalle.

¿Y quiénes son estos dos personajes? LeFou es el leal esbirro de Gastón, quizás el villano más narcisista que la imaginación de Walt Disney jamás haya creado. Desde la película de 1991, LeFou (el loco, en francés), se personifica como un ser molesto, cómico y torpe, con una estridente risa y que en ambas películas, entona una oda a los músculos de Gastón, a su cuerpo velludo, su inteligencia, su estilo al escupir, su don de casanova para coquetearle a jovenes damiselas y hasta para comer muchos huevos a la vez. En resumen, LeFou siempre fue explícito en su deseo homosexual. Nada cambió de una cinta a la otra.

Por ende, mientras los personajes queer se representen en Disney como villanos y seres con una madurez emocional rezagada, incompleta e infeliz, el statu quo en la industria del entretenimiento se mantendrá imperante. Y esto es justamente lo que ha sucedido. El personaje de LeFou es tan estereotípicamente gay, como personajes de la televisión como Will y Jack en Will & Grace, Kurt y Blaine en Glee, Renly Baratheon y Loras Tyrell en Game Of Thrones, como Piper y Alex en The Orange Is The New Black, Cameron Tucker y Mitchell Pritchett en Modern Family o los personajes de la intrépida serie, Queer As Folk.

Pero, ¿qué significa La Bella Y La Bestia para el cine gay? La respuesta corta se resume en nada. Otra respuesta es que aporta más al cine en general que al discurso gay en particular. Sin embargo, esto no es nuevo. Mucho antes que este clásico francés fuera llevado a la pantalla grande, esta paradoja había llegado en los albores del cine que ya tenía aires homosexistas impresos en él. Desde los gags experimentales de Edison en 1895 donde aparecen dos hombres que bailan juntos, hasta cintas de posguerra como Lot in Sodom de 1933 que retratan las depravaciones entre ángeles y sátiros gais en la ciudad del pecado, son muestras para no desconocer una censura de la que aún, no se hace justicia.

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Claramente, en un mundo al que aún sobrevive la sombra del medioevo que no ha podido ver la luz, la hechicería, la magia y la brujería son tan comunes en las películas infantiles que solo son parte de una ficción fantasiosa sobre la que los niños no corren ningún peligro. Se ha normalizado, tanto que son desapercibidos. No obstante, han sido tan comunes los encuentros entre el bien y el mal en el cine que, curiosamente para estos jumentos, esta película no es más que una publicidad descarada y adoctrinante, que en otras palabras, una apología a la homosexualidad que rompió con el paradigma heterosexista que defienden.

La industria del entretenimiento nos ha dado desde pesadillas con endemoniados elefantes color rosa (Dumbo, 1941), criaturas inofensivas y huérfanas (Bambi, 1942), hasta criaturas que odian la navidad (El Grinch, 2000), ogros en su pantano que se enamoran de una princesa (Shrek, 2001), una mujer que se enamora de una abeja (Bee Movie, 2007) e incluso, una niña que se enamora de un sapo (La Princesa y el Sapo, 2009), pero nunca se ha mostrado a plena libertad la fuerza de la sexualidad entre personas del mismo sexo. Sin embargo, no todas las producciones que ha realizado Disney han sido cuentos de hadas.

Valdrá con decir que para 1946, la compañía lanzó un cortometraje de diez minutos titulado La historia de la Menstruación’ que se utilizó pedagógicamente durante más de 20 años. ¿Y qué pensarían los homofóbicos al saber que La Sirenita, el clásico cuento de hadas escrito por Hans Christian Andersen en 1837 y llevado al cine por Walt Disney Pictures en 1989, es en realidad una historia homosexual? Es la historia que según expertos en la vida del famoso cuentista danés, retrata el amor imposible que sentía por otro hombre a quién luego le dedicaría la historia, tan imposible como el amor que podrían sentir dos seres de mundos diferentes.

Y me sigo preguntando, ¿qué dirían los homofóbicos al saber que en dicha película, la malvada Úrsula, la bruja del mar, está inspirada en un Drag Queen de Baltimore? Como si fuera poco, se trata de Divine, una Diva consagrada luego de su interpretación como Babs Johnson, la protagonista de la icónica película de John Waters ‘Pink Flamingos’, el éxito de culto de 1972 que no sólo sigue siendo controversial sino también una sucia demostración de una sucia verdad. En la cinta, la esencia de esta reina drag quedó perfectamente retratada en este maravilloso pulpo cruel, corpulento y extravagante que hace de las suyas con tal de lograr apoderarse del océano.

Pero, ¿cuál sería la reacción que tendrían personajes pintorescos como el concejal de la familia, Marco Fidel Ramírez, o los silentes Viviane Morales y Carlos Alonso Lucio al saber que dentro de su moral cristiana, la causa que defienden le es indiferente a este emporio de la fantasía? O mejor aún, ¿será que estos personajillos saben que desde 1991, el primer sábado de Junio de cada año se celebra el día gay en las tierras de Mickey Mouse? ¿En qué pararía su gesta? Pero estos no son los únicos En el mundo, países como Kuwait, Rusia y Malasia han manifestado su interés en censurarla, e incluso, en Alabama (EE.UU.), se suspenderán las proyecciones por completo.

No obstante, la censura en el siglo XXI se ha globalizado, se ha mutado y se ha vuelto mucho más potente, más invisible y difícil de percibir con efecto completamente brutales. Claro que, según algunos de los que piden la censura de la película, solo hay una visión de la realidad válida, una sola opinión posible, solo una ética, solo un dios, solo una opción política, que no va de la mano con la justificación de un romance entre una bella mujer y una bestia o entre dos hombres, así pues que si la libertad realmente significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír y mostrarles lo que no quieren ver.

Quizás lo extraordinario de Disney y de su nueva producción, o del momento histórico en el que vivimos, sea que la película, en realidad, a lo que obliga es a quitarse la lentes de cine homosexual porque este ya puede permitirse transitar tan lugares comunes e inhabitados sin que por eso signifique renunciar a su calidad o a su validez en el discurso, incluso, en el mundo de la fantasía infantil. Las producciones cinematográficas se han hecho en eras diferentes, en épocas diferentes que incluso, acaban diluyendo su contenido para hablar de sentimientos oprimidos, sean o no minoritarios.

Y por favor, que nadie sea como el jumento que tenemos por concejal.

Chuck Berry: El papá del Rock n’ Roll

Quizás en la historia de la música popular no exista un riff tan incisivo y memorable como el que se desprende de las primeras notas de Johnny B. Goode, la más célebre referencia musical de una estrepitosa época que envuelta en nostalgias, hoy se niega a desaparecer: La era del rock and roll. Esta época que estuvo marcada por la protesta y el rechazo a la antiséptica música del Tim Pan Alley -música popular norteamericana que se escuchaba en las algodoneras del sur-, tenía la pasión y el ímpetu adolescente, pero no sería auténtica hasta que la figura de Chuck Berry apareciera para que esta adquiriera un lenguaje propio.

Con el carácter arrollador que siempre le caracterizó, este músico nacido en Saint Louis en 1926, desarrolló todo un idioma excitante y fresco que bajo los sutiles arreglos y las vibrantes notas del rhythm and blues, concretó un estilo subterráneo que terminó por transformar la puritana sociedad estadounidense de la posguerra y, posteriormente, contagiar al resto del mundo. Eran los años cincuenta y el sonido que brotaba de las notas de su guitarra, parecía venir de otro planeta. Era enérgico, sexual y moderno.

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Si en el rock and roll, Elvis Presley es el rey y Bo Diddley su arquitecto, Chuck Berry fue su poeta. Pese a no tener el poder seductor de Little Richard, ni el endiablado ritmo de los dedos de Fats Domino en el piano, Chuck se alzó con todo el canon de esta época desde la guitarra eléctrica. Y es que a diferencia de muchos de sus coetáneos, Chuck componía y cantaba sus propias inspiraciones con una voz tan sutil y edulcorada que intentaba emular los colores de la de su ídolo de juventud, Nat King Cole.

La definición del rock and roll tiene un antes y un después de Maybellene. Esta grabación hecha el 21 de Mayo de 1955, es considerada el mito fundacional de la revolución musical de Chuck Berry así como la piedra angular para entender toda su obra. Aunque originalmente Maybellene es una adaptación de Ida Red, una popular melodía country, Chuck la grabó para los estudios de Chess Records junto al piano de Johnnie Johnson, las maracas de Jerome Green, el bajo de Jasper Thomas y el bajo de Willie Dixon. Es aquí donde comienza su éxito como músico, como el paradójico artista que al no saber escribir ni leer correctamente una partitura, sin embargo, con su guitarra se comunicó como nadie.

Sus composiciones, plagadas de chicas, autos y carreteras, se imprimieron en la música popular a finales de los años cincuenta como finas estampillas sociales llenas de ritmo que nutrieron su universo lírico. Estas letras, que hablaban desde la ruptura clasista en la música en Roll Over Beethoven (1956), hasta la rutina escolar en School Days (1957) y Rock And Roll Music (1957), desde el cuerpo que descubre la pubertad en Sweet Little Sixteen (1958) hasta del día de pago y de los devaneos juveniles en No Particular Place To Go (1964), establecieron rasgos de esa comedia humana que haría parte de esa mitología llamada rock and roll.

La picardía propia y los dobles sentidos del blues acabaron de cocinar junto con Chuck Berry una receta lírica irresistible que alimentaría al rock en su gestación y nacimiento futuro. Siempre acompañado de su célebre duckwalk, que usaría en Nueva York en 1956 para ocultar las arrugas de su pantalón, Chuck encendió la mecha para la fantástica explosión musical del medio siglo siguiente. Y es que seguramente sin Berry, la música hubiera sido menos fantasiosa, más tímida y menos segura de su poder transformador. Los grupos musicales de los sesentas, en América como en Europa, definieron su sonido a partir del riff de su guitarra.

En las décadas siguientes y gracias a sus atrevidos y melodiosos riffs, alcanzó la admiración de otras grandes figuras de la música como Bob Dylan, John Lennon, y Bruce Springsteeen, una importante referencia compositiva en las letras de George Harrison, AC/DC y Led Zeppelin así como también, la inspiración en las versiones de sus letras que grabarían The Beatles y Rolling Stones en sus inicios, además de decenas de artistas que, hasta nuestros días, aun cuando el mundo llora su triste partida, todavía intentan encontrar un himno tan irrepetible y lleno de futuro pese a que representa una época ya extinta, como Johnny B. Goode.

Hoy homenajeemos al auténtico Padre del Rock, ese mismo hombre que vivía peligrosamente, que conoció la cárcel en más de una ocasión… ¡y sobrevivió!

Del machismo, la censura y otros demonios…

Por estos días, Cuatro Babys, el más reciente lanzamiento del cantante Maluma en colaboración con Noriel, Bryant Myers y Juhn All Star, artistas de la escena urbana, ha sido objeto de indignación en redes sociales donde la disputa entre los que están en favor y en contra, gira en torno a lo explícito de sus letras que atentan y denigran contra la mujer, donde se habla de ellas como un objeto de deseo sexual. Pero el problema en sí no es Maluma, ni la canción, ni los que la escuchan, la bailan o la defienden; el problema es el machismo y la cultura que nos envuelve. Y es que el reggaetón ha gozado siempre de una fama inconfundible; letras burdas, obscenas, sugestivas y ordinarias son su columna vertebral, pero sobre todo si tiene en ellas contenido sexual y hay una mujer de por medio.

Lo demás ya es ritmo y sonido que ha conquistado discotecas y mentes de viejas y nuevas generaciones. Pero como todo, no falta quien se santigüe y se sonroje con letras como Mala conducta o Wow bellaquita. Lo cierto es que con toda esta controversia, la palabra ‘misógino’ se está usando muy a la ligera y como si fuera poco, aquí ningún género musical se salva. Señalar que el reggaetón es un género musical machista es una obviedad, pero no tanto si se trata de hacerlo ver más especial que los demás. Por eso, he traído unas joyitas para ejemplificar este caso que, sin intentar justificarse sobre lo que hoy se toma las redes, hacen parte de nuestra cultura y que sin altivez, forman parte de nuestra idiosincrasia.

En primer lugar, traigo Amablemente, una paradójica y triste milonga de la autoría de Iván Díez, periodista y poeta argentino, popularizada en la voz de Edmundo Rivero. Y es que sin ser sorpresa, el tango no sería hoy lo que es sin el machismo perfumado en él:

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El mundo de la ranchera también en sus letras, ha tenido la dura presencia del charro mexicano que se ve engañado, traicionado por mujeres y que como si fuera una solución única, decide asesinarlas sin dejar rastro, así como inundar sus venas en licor para olvidar el desengaño. José Alfredo Jiménez con Sonaron cuatro balazos, composición suya de cuando apenas era un adolescente y que grabó en 1963, es prueba de ello:

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También, el recién fallecido Divo de Juárez, tampoco se hizo esperar, pues entre sus letras existen algunos versos que representan crudamente el dolor de una traición de amor, donde la venganza y la humillación de la mujer son el aliciente que puede curar a un hombre en su perfidia. En 1983, Juan Gabriel lanza su álbum ‘Todo’, donde incluye el clásico La farsante:

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Uno de los géneros musicales más populares y bohemios en nuestro país, ha tenido figuras destacables como el Caballero Gaucho, Tito Cortés, Gabriel Raymond y el inolvidable Alci Acosta. La temática de sus letras, sin ser indiferente a géneros hermanos como el tango o la ranchera, hace una elegía hacia la violencia contra la mujer. Éste último, grabó en 1972, La cárcel de Sing Sing, que también fue popularizada en otras voces como José Feliciano y Felipe Rodríguez, del que extraigo este particular verso:

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La salsa no podía faltar. Y es que hay unas joyitas que parecen no ser ciertas si de letras se tratara, que con tan solo leerlas, les quita toda la sabrosura y la gozadera que trae consigo desde el Caribe. Ismael Miranda, Héctor Lavoe, Ismael Rivera e incluso, La Sonora Matancera hacen parte del catálogo de letras que tienen un lenguaje violento más allá de la sandunga:

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¿Sorprendidos?, eso no es nada. Es que ni el chucu chucu que llega a fin de año y nos recuerda que estamos en diciembre, se escapa de las letras que en medio de la sorna y el doble sentido toma la mujer como inspiración para hacer de las suyas y quién mejor que el rey de diciembre, Guillermo Buitrago para recordárnoslo:

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El vallenato, que constituye el arquetipo del folklore y del género musical por excelencia de nuestro país, ha tenido una hegemonía machista bastante singular. Mientras una generación de juglares se dedicó a conquistar las mujeres costeñas con sus sones, paseos y merengues, esta última no aprendió muy bien dicha lección. O al menos eso es lo que prueban estos reconocidos versos vallenatos:

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Y si nos seguimos paseando por el Caribe, llegaremos a República Dominicana, tierra del sol, mujeres bellas, paisajes hermosos y cuna del merengue, la bachata y los sonidos cibaeños. El primero de estos, ha perdido vigor y fuerza en los últimos años, tanto al punto que amenaza con desaparecer de la escena musical, luego de su época de oro con la que todos vibramos al compás de las locuras de Wilfrido Vargas, Cuco Valoy o Los Hermanos Rosario. Pero no todo es como lo pintan en esta isla paradisíaca, pues los altos niveles de machismo y de casos de violencia a la mujer contrastan con la belleza de sus playas.

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Versos como el anterior, retratan la negra realidad que tiene República Dominicana, país de origen, tránsito y destino para el tráfico de personas, en especial, mujeres y víctimas de trata. Es penosamente, el tercer país en el mundo con estos altos índices. No obstante, sin pasar por alto ni desconocer el auge que ha tomado la bachata en los últimos años, traje esta joya que se baila en discotecas y que en ocasiones, su letra pasa por desapercibida:

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Sin embargo, no todo lo obsceno, machista y misógino retrata la cultura musical del Caribe ni de Latinoamérica, pues si echamos un vistazo al mundo anglo, también encontramos joyas como estas que, penosamente, retratan una violencia en medio de grandes voces como John Lennon junto a The Beatles y Adam Levine junto a Maroon 5: Gettin Better, una composición de Paul McCartney escrita para el álbum ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ de 1967:

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En 2014, la banda norteamericana Maroon 5 publica ‘V’, su quinto trabajo musical, del que destaca su sencillo Animals, compuesto por Adam Levine junto al rapero Benny Blanco y Shellback, productor del álbum. El éxito de Animals fue arrollador, alcanzando los primeros lugares en los charts de Billboard para ese año. ¿Y la letra?, juzguen ustedes:

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Para terminar con estas joyitas de la música, se destacan dos piezas que pierden toda censura, y explícitamente hicieron escándalo y provocación en su tiempo y que, para bandas como Rammstein, les nutre en popularidad y demarca su estética como agrupación. En 2005, la banda alemana lanzó el trabajo titulado ‘Rosenrot’, donde incluye su única canción en español, Te quiero puta:

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Cerramos esta nota con la banda de rock mexicana Molotov, que se conformó a mediados de 1995 y que finalmente logró fama internacional en 1997 con su primer álbum ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, producido por el reconocido Gustavo Santaolalla del que se extrae esta perla, opinen ustedes:

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Con todo lo anterior, sorprende la prepotencia y la ínfula intelectual con que detractores del tema dicen hablar con propiedad y con la moral necesaria para hacerlo. Pero me pregunto, ¿con qué autoridad intelectual o académica alguien puede atreverse a criticar todo lo que no le parece?, cuando bien sabemos que todos somos producto de una infinidad de modas absurdas que imperaron en su tiempo y que hoy siguen a la vanguardia con una enorme cantidad de basura de consumo.

Lo cierto aquí es que vivimos en un mundo de constantes miedos, inundado de una sensación psicótica de pretender callarlo todo, ser políticamente correcto y perseguir como si se tratara de una cacería de brujas, todo lo que no le gusta, lo que le indigna y como si fuera poco, tomarse el derecho de censurarlo. Sin apelaciones al sentir populista, es válido aclarar que la música no educa a los hijos de nadie, ni nos educó a nosotros. Quienes educan son las escuelas, colegios, universidades. La música no educa, pero cumple con su antiquísima función: entretener y comunicar, porque es el lenguaje que se envuelve en la idiosincrasia y la cultura de los pueblos, cuales quiera que fueran.

Nina Simone: La otra mujer

La música por esencia, como todas las artes, es ese lenguaje catalizador de emociones que se convierte en esa voz de colores que sin tener más que palabras, toman su melodía para transformar la historia. Esta fue Nina Simone. Brillante, revolucionaria, mujer y negra. Cuatro adjetivos que hicieron de ella la que fue. Se llamó así para esconderse de su madre y por adorar a Simone Signoret. Se convirtió en el ritmo, la melodía y la voz que junto con los condenados de la tierra envueltos en su opresión, un día dijeron basta. Esta fascinación por la historia de la mujer tras la estrella, tras la ídolo de masas, aquella que compartía una experiencia musical  con el público  pero se iba a casa con una profunda soledad, es única.

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La expresión de Nina Simone era única. Siempre, sentada frente al piano era envuelta en una seriedad intimidatoria. Su oscura belleza física se escapaba de las proporciones áureas: tenía nariz ancha, ojos tristes y una boca grande que exhalaba una voz que, como madera noble, resonaba profunda y felina entre cotilleos de desengaños y de fe. Una voz que como pocas, guardó en su registro contralto el desgarro áspero e intenso con el que todas las emociones se pudieran dar cita bajo el conjuro de su extraña magia. La perfección cruda y palpitante del talento de Nina le valió reconocerse prontamente como la sacerdotisa del Soul, etiqueta que a su pesar, nunca le pareció.

Siendo la sexta de ocho hermanos, Eunice –que era su verdadero nombre- nació en 1933 en el seno de un hogar profundamente religioso de Tyron (Carolina del Norte) lejos de la ciudad. Siguiendo los pasos de sus padres, que eran predicadores, su brillante talento no tardó en brotar a muy temprana edad: tenía tres años cuando tocó  God Be With You Till We Meet Again en el órgano de su casa; lo aprendió de memoria. Luego, en tiempos del Jim Crow y con tan solo diez años, debutó en un recital, pero cuando intentaron prohibir a sus padres sentarse en primera fila por ser negros ella se negó a tocar, por lo que los blancos y pálidos organizadores tuvieron que ceder.

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Fue ahí y siendo apenas una niña que Eunice soñó con convertirse en la primera concertista de música clásica negra de su país. Pero la historia le reservaba otro lugar más trascendental, uno que no imaginaba. Aplicó para una beca en el Instituto Curtis, el cual la rechazó por su color de piel. Más tarde, la Escuela Julliard la admitió pero allí no pudo costear sus estudios por mucho tiempo, así que en lugar de seguir su formación en música clásica, empezó a tocar música en un café irlandés de Atlantic City.  Fue allí donde nació, sin más preámbulos, una de las voces femeninas más importantes del siglo XX, que poco tardó en crear su seudónimo, mismo con el que alcanzó la fama.

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Mississipi Goddam

Eran los años cincuenta y los días que atravesaba la comunidad negra se volvieron más ácidos y convulsos al punto que hicieron que su rumbo fuera otro y cambiara sus sueños al convertirse en el melódico lenguaje de la vorágine revolucionaria y ardiente que se estaba despertando en los guetos. Nina era toda una luchadora. Aunque su carrera empezó desde abajo y se vio rodeada de tropiezos con otros músicos, su éxito comercial llegó de la mano de Andrew Stroud, un sargento de policía que renunció a su trabajo por convertirse en manager, además de su marido. Su versión de I Love You Porgy, ópera prima de George Gershwin la llevó al éxito y rápidamente, su camaleónica e intrépida voz inundó las estaciones de radio y comenzó a ser conocida a nivel nacional.

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La nube de humo de su vida que agobiaban los periódicos y el bombardeo de 1963 a la iglesia de Birmingham (Alabama) a manos del Ku Klux Klan, en el que murieron cuatro niños negros, Denise McNair, Addie Mae Collins, Cynthia Wesley y Carole Robertson, cambió su vida para siempre, como lo hizo para muchos norteamericanos negros. Durante la marcha de Selma a Montgomery, interpreta ‘Mississippi Goddam’, la legendaria canción con la que miles de negros marcharon defendiendo su derecho al voto. Componerla le tomó una hora, pero mientras Nina escribía canción tras canción acerca de la experiencia de ser negro en América, Stroud veía sus canciones como un obstáculo para continuar con el éxito.

El hecho de atreverse a decir lo que los demás temían, tuvo repercusiones negativas en su vida personal y en su desempeño como artista, puesto que las estaciones de radio, cadenas de televisión  y grandes disqueras le cerraron las puertas por temor a que sus canciones revolucionarias desataran disturbios y protestas. Pese que su lucha no duró mucho, sintió una profunda desilusión además de desequilibrios sumados a su inestable emocionalidad. Huyó de los Estados Unidos al Caribe; más tarde, atraída por el país de sus ancestros viajó a Liberia, luego pasó por Suiza y finalmente se radicó en Francia. Allí, con un aspecto de indigencia, fue encontrada divagando en el hall de un hotel desnuda, empuñando un cuchillo. Sobrevinieron días oscuros para Nina.

MUSIQUE

Intenta volver a los escenarios, donde su semblante ahora está mucho más serio, en una mezcla de solemnidad y confusión, con los ojos perdidos y emocionados. Lanzando una intensa mirada al público que dura algunos segundos –que parecen eternos- se gira algo desorientada para sentarse en la banqueta del piano lista para comenzar a cantar esas melodías que le valieron la gloria consumida por el infierno de su realidad. Así fuera la pionera o la cultivadora del infierno, Nina Simone fue habitada por ambas mujeres, a menudo y al mismo tiempo. Ella fue sin duda, una mujer única en los tiempos cuando era difícil serlo aún por encima de tener el color de la noche sobre su piel.

Para ella, su propia negrura siempre fue saturada e inevitable. No sólo es Nina Simone, es un ícono cultural, una estela musical que perdura en la memoria y el legado de una lucha que aún no termina, lucha con la que pavimentó el camino para miles de mujeres y afroamericanos demostrando que pueden ser brillantes aun siendo imperfectos a los ojos de los demás.

Cortázar y el Jazz: Breves improvisaciones literarias

Julio Cortázar contó con una suerte de la que pocos escritores tuvieron fortuna: Vivir en el París de los años cincuenta y sesenta, donde los tiempos de la posguerra amenazaban fuertemente con exterminar los genios del blues que huían de América y se exiliaban en Europa. Para ese entonces, el jazz estaba más vivo que nunca y su sonido rugía entre los clubes nocturnos de la orilla izquierda del Sena. Por desgracia allí el jazz, así como el rock and roll, no gozaba de mucha acogida fuera dentro de ciertos círculos sociales particulares, en especial de los melómanos y de los jóvenes que se dejaban seducir por el jive americano que desembocaba en el chasquido sonoro de sus dedos.

No obstante, pese a que llegó a Francia en tiempos donde el bebop había evolucionado a nuevos campos que hacían del jazz una traducción más libre, intuitiva y transgresora, el arquetipo vividor y melómano propio de sus personajes seguía siendo el mismo purista que escuchaba los grandes maestros de la primera generación del Mississippi: Fats Waller, Charles Mingus y Bix Beiderbecke eran los discos predilectos con que Horacio Oliveira y sus amigos se reunían mientras sonaban en el tocadiscos del mítico Club de la Serpiente. Fue en París donde su estilo literario se familiarizó fuertemente con el jive, tanto que se alejó de una composición temática estructural para dejarse llevar por la improvisación y la búsqueda de una voz interior que intentaba evitar el discurso preestablecido para así otorgarle protagonismo a los estados mentales.

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Pero el Jazz en Cortázar aparece en muchas otras páginas, inclusive fuera de Rayuela, su obra cumbre, porque si de jazz y música se trataba, él era un virtuoso y apasionado escritor de artículos, entre los que se destaca ‘La Vuelta al piano de Thelonius Monk’, a propósito de un concierto al que asistió en Ginebra, en marzo de 1966. En este, esbozó uno a uno el conjunto de emociones que le provocaron estar allí esa noche escuchando el deleite mágico y resbaladizo de los dedos de Charles Rouse sobre el saxo acompañado por el cuarteto de Monk.

Sin lugar a dudas, uno de los grandes relatos de Cortázar es ‘El Perseguidor’, donde Johnny Carter, encarna el genio de un saxofonista sumido en su adicción a las drogas, siendo trasunto evidente de Charlie Parker, a quien está dedicado el relato. Y hay más, por supuesto. En ‘Un tal Lucas’, el que quizás sea su más vívido y creíble autorretrato, manifiesta Cortázar que a la hora de su muerte quisiera oír solamente dos cosas: El último quinteto de Mozart y el solo de piano de I Ain’t Got Nobody en los resbaladizos dedos de Earl ‘Fatha’ Hines.

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Cortázar sentía una devoción por el jazz porque para él era una música que permitía todas las imaginaciones posibles. Y así fue. Lo llevó a la literatura y Rayuela es el mejor ejemplo de ello, llenándola de imágenes y sonidos de jazz, haciéndola un impresionante Jam Session en solitario, una espiral de Free Jazz plasmado en palabras, donde el argumento es sólo un pretexto que utiliza Cortázar para improvisar, para ir recreando y cambiando de escala y si le apetece, insertando notas disonantes. Y es que siempre habrá quienes dicen que Rayuela es una novela laberíntica, incompresible y hasta ilegible, una que no tiene sentido y que no atrapa, una que ha sido manoseada por mórbidos lectores que se han sabido perder en ella sin encontrarle sentido.

Pero se sucumbe una enorme responsabilidad al defenderla, porque en ella se ve poesía y libertad de un pensamiento errático, que por momentos se torna desenfadado; en últimas, no querer verlo es como no saber desviarse del camino que ha sido trazado o como perderse en un riff de piano o un solo de saxo. En últimas, Cortázar fue un escritor libre que descubrió la improvisación como su arma creativa, que buscó la libertad como una necesidad, que amó el jazz, a eso que alude, que soslaya y hasta anticipa, porque tenía una devoción clara al momento de exclamar ‘swing, luego existo’.

 

'Cumbia Sampuesana', LP K-871 - Registro 0348, 1953 (Discos Fuentes)

Cumbia, poder y porro: ‘La Sampuesana’

Sampuesanas ha habido muchas, de ella se han hecho miles pero ninguna como la de Joaco. Y es que para comprender la magia y el encanto de esta melodía, es necesario entender antes al genio detrás del hombre que una tarde cayó bajo el embrujo de las luciérnagas y que con su vuelo le marcaron las primeras notas de la que es hoy, su obra maestra. Relatar la historia del ‘viejo Joaco Betín’ no es tarea fácil. Poco o nada se sabe de él en los libros de la antología popular, salvo que nació en Octubre de 1920 en Sampués, pueblo cercano al litoral caribe.

Joaquín creció escuchando los sonidos del clarinete de Gregorio y Pedro, sus dos hermanos mayores, y desde entonces ya desarrollaba una terrible admiración por la música de su tierra costeña. Paradójicamente, nunca se interesó por aprender a tocar lo que sus hermanos le inculcaron y que en medio de su desdén sabían interpretar desde niños para pasar las tardes. Su temprana pasión por el acordeón comenzó cuando apenas tenía diez años de edad y lo escuchó por primera vez en ‘El Blumén’, un famoso estadero que se encontraba detrás de la Iglesia de Sampués. Era Heriberto Villamil quien lo hacía sonar.

Desde aquél entonces y como pudo, decidió aprender a tocar ese raro instrumento por sí mismo. Nunca ingresó en los salones de una escuela y ante la pobreza que siempre le rodeó en su juventud, siempre le fue imposible tener un acordeón. A los diecisiete, Joaco emprendió un viaje a Medellín a probar suerte, pero regresó dos años después trayendo como encargo los sufrimientos y desilusiones del camino y los rezagos de un fuerte paludismo. Sin embargo, su vida tenía una alternativa sembrada en la música, asunto que multiplicó con su conjunto de acordeón, bombo, caja y maracas.

Cuentan sus nietos en medio de la nostalgia que Ricardo Dajud, un hombre hacendado muy cercano a la familia Betín, le prestó veinticinco pesos. Así entonces, José Joaquín compraría el que sería su primer acordeón y con el que compondría cientos de notas; en las tardes y en las noches se rebuscaba sus pesos tocando al aire libre en un sitio de amor de primera mano que se hallaba en la casa de Ana Perfecta Galván en el corregimiento de Peralonso, a las afueras de Sampués. Tocaba notas de acordeón y de paso mostraba sus dotes en el dominio de su instrumento por cinco centavos; por esas casualidades de la vida, en estos alrededores nació en 1952 la obra musical que le mostró la gloria.

Era una tarde oscura y marcada por grises nubarrones, de esas tardes raras de Sampués; la casa de Ana Perfecta Galván, el sitio preferido de descanso de los arrieros del pueblo, estaba cerrada, se hallaba desierta. Ni un alma deambulaba por ahí. A Joaco le cogió la noche en ese paraje, y entrada la oscuridad no tuvo más compañía que la de su acordeón, así que decidió sentarse en el corredor que estaba frente al paraje y quedarse allí. Frente a él, en un bello ritual amoroso, las luciérnagas y los cocuyos se encendían y apagaban, una y otra vez. Curioso frente a lo que sus ojos veían, tomó su instrumento y al ritmo del titilar de las luciérnagas, comenzó a imitarlas. Esa noche nació la Cumbia Sampuesana.

Esta obra musical fue adquirida y grabada por primera vez por el Conjunto Típico Vallenato en los estudios de Discos Fuentes en 1953. ‘La Sampuesana’ nació sin letra, nació como obra meramente instrumental pero en 1954, Nacho Paredes y Alfredo Gutiérrez, mismo que le enseñara en su juventud a tocar el acordeón, le agregaron la palabra y el verso. Desde entonces, los años se encargaron de darle trascendencia e importancia a esta inspiración que entre luciérnagas se gestó a las afueras de Peralonso.

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Poster publicitario de ‘Pueblo, Canto y Esperanza’; 1956. México.

Esta obra maestra del folclor se internacionalizó por primera vez en 1956, en una película extranjera llamada ‘Pueblo, Canto y Esperanza’. Fue en México, allí mismo donde se grabó la cinta que estuvo dirigida por Alfredo Crevenna, Rogelio González y Julián Soler, donde los acordes de ‘La Sampuesana’ se juntaron con el celuloide. Años más tarde, se escuchó en la Academia Sueca el 21 Octubre de 1982, mismo día en que Gabriel García Márquez fue laureado con el Premio Nobel de Literatura; Emiliano Zuleta estuvo a cargo de la ejecución de los acordes de la cumbia vallenata.

Indiscutiblemente la obra maestra de José Joaquín Betín Martínez dividió en dos la historia de la cumbia. Antes de su creación, la cumbia era una música de la “gentecita del montón, que se bailaba en establecimientos de mala muerte, en los parajes de tierra caliente”, así relataba el diario El Tiempo para los años cincuenta. Pero las cosas cambiaron para ella después de que el ‘Viejo Joaco’ se imaginara esa melodía.

Desde ese entonces son pocos los colombianos que asumen una pose indiferente cuando escuchan ese fulminante repiquetear de la tambora seguida de la guacharaca que le abre camino a la endiablada melodía del acordeón del maestro Betín, cuyas notas podrían sonar a los oídos de Jorge Luis Borges tan pueriles, como los versos de “la deplorable rumba ‘El manisero’ ”. Hoy, el maestro Joaquín Betín, la sigue considerando como una bendición de Dios que le refresca el alma.

Redactado por:
Jonathan Le Bouffartique.

La carcajada silente que el pueblo no olvida: 16 años sin Jaime Garzón

Hace ya dieciséis años, exactamente el 13 de agosto de 1999 cerca de las cinco y treinta minutos de la mañana, a dos sicarios de la banda criminal La Terraza que transitaban motorizados por el barrio Quinta Paredes ubicado al noroccidente del centro histórico de la capital y en cercanías a las instalaciones de la emisora RadioNet, les bastó usar solo cinco tiros de metralla para apagar la voz de uno de los periodistas más osados, brillantes y queridos que ha tenido este país que para Octubre de ese año estaba próximo a cumplir los 39 años.

Para aquel entonces, yo apenas estaba cerca de los diez años de edad y desentendía como muchos la realidad del país en que me había tocado nacer. Recuerdo poco, aunque ese día los medios de comunicación hablaron más de la cuenta como les es costumbre y le brindaron un cubrimiento especial al recién muerto que terminó por agotar la paciencia con la que mis abuelos veían televisión en el único aparato que había entonces en la casa. Hablaban de una triste pérdida para el periodismo, había lágrimas por doquiera y un luto que se sentía en el aire, pero yo desconocía de quién se trataba.

La única respuesta que me daban ellos era que lo habían asesinado por tener una costumbre pragmática poco usual en el país: decir la verdad. Y es que, ¿para qué nos educan desde niños a decir la verdad en un país donde no se puede? Ese paradigma  es el que sostiene hoy una funesta historia sobre la que se ha forjado una generación que no está perdida, que tiene los pies en la tierra y que no le entrega su ‘patria’ a la impunidad, esa misma generación a la que al igual que usted, pertenezco. Tan pronto como empecé a tener acceso a libros y medios que narraban de su satírica obra y de ese particular deseo suyo de querer morir de manera singular, me interesé por este personaje que entonces resultaba desconocido, así como saber sobre esos mismos que lo habían asesinado cobardemente frente a su lugar de trabajo a tempranas horas del amanecer.

Jaime Hernando Garzón Forero empezó su aguda y ascendente popularidad en la televisión colombiana como humorista político a comienzos de la década de los años noventa presentando programas como “Zoociedad”, “¡Quac!, El Noticiero” y encarnando personajes la cocinera Dioselina Tibaná, el abogado ultraconservador Godofredo Cínico Caspa y quizás el más querido y recordado embolador, Heriberto De La Calle. Pero antes de enfocarse en su carrera como periodista y humorista, Garzón ya había trabajado en algunos proyectos políticos como la preparación de la Asamblea Constituyente de 1991 coordinada junto al entonces presidente César Gaviria, de quien también fue asesor de comunicaciones y traductor de la naciente Carta Política a las lenguas indígenas, así como asesor y colaborador en la campaña a la alcaldía de Bogotá del entonces candidato Andrés Pastrana, para luego lanzarse él como candidato a la alcaldía menor de Sumapaz.

Es gracias entonces a esta fraterna cercanía con notables personalidades del mundo político del país que pronto se convertiría en una de las piezas clave para la mediación entre los procesos de paz y de liberación de secuestrados por parte de las FARC. Para enero de 1988 fue testigo directo del secuestro de Andrés Pastrana por parte del Cartel de Medellín como pretexto único de chantajear al gobierno de Virgilio Barco sobre la extradición del capo Pablo Escobar, a lo que Garzón les alegó que se lo llevaran a él también pues era el jefe de las giras de Pastrana. Irónicamente, el día de su asesinato iba a ser resarcido e indemnizado por un agravio que se originó en 1989, momento en que el secretario de gobierno de Bogotá firmó su destitución como alcalde menor de Sumapaz, hecho al que Garzón denunció a la administración y la justicia dio fallo en su favor, ocho años después.

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Fue durante su estadía en la Casa de Nariño donde emprendería su corta carrera como humorista político; para 1990, la productora Cinevisión le abrió las puertas para así realizar su primer programa de televisión al que llamó Zoociedad y que en 1992, pasaría a producir Inravisión. En el programa, el recordado personaje de Émerson de Francisco oficiaba temas como la inseguridad nacional así como los conflictos y la declarada narcoguerra hecha por Escobar y el Cartel de Medellín al gobierno nacional, estaban a la orden del día. Su carrera alcanzaría tan altos niveles de sintonía entre los televidentes que en 1995 y junto a Diego León Hoyos, trabajaría en el proyecto de un nuevo magazín producido por R.T.I., “¡Quac!, El noticiero”.

Aquí su versatilidad y talento se afianzaba cada vez más con los personajes que interpretaba como el reportero William Garra, la muchacha Inti de la Hoz y el izquierdoso Compañero John Lenín. Su ácido humor así como la sátira política le destacaron rápidamente mientras el país se hundía en una terrible crisis, producto del escandaloso Proceso 8000. El programa sería clausurado y cerrado en 1997, momento en que sería contratado para Lechuza, que sería su último programa producido de Caracol Televisión junto al noticiero CM& y que transmitía en los 850 Khz de RadioNet, dirigidos por el periodista Yamid Amat. En este, se inmortalizaría con Heriberto De La Calle, un particular y locuaz lustrabotas que mientras hacía su trabajo entrevistaba a grandes personalidades no solo del campo político, sino del espectáculo y de la actualidad.

Desde ese fatídico viernes en que se produjo su asesinato, los medios y el país entero tuvieron la plena certeza que tras de su homicidio, las huellas del paramilitarismo estaban presentes. Esa certeza hasta hoy no ha sido esclarecida por la justicia colombiana que paradójicamente, diesiéis años después sigue generando repudio y desconcierto así como también una búsqueda pendiente de los verdaderos responsables autores materiales e intelectuales del crimen. Y es que en dieciséis años y con tres presidencias a cuestas, el panorama nacional no ha cambiado lo suficiente.

Con la misma pesadumbre con la que cerró el siglo pasado, el país le dio la bienvenida a este nuevo llena de múltiples heridas y carcomido por el paramilitarismo, los escándalos y la corrupción. Para ejemplificar, los presuntos autores del asesinato de Garzón, señalados como alias El Bochas (capturado en 2000 por la Policía de Antioquia) y alias Toño (capturado en 2001 por la policía de Risaralda), fueron absueltos en el año 2004 tras pasar cerca de cuatro años y medio en la cárcel y que un juez resolviera dejarlos en libertad tras haber un supuesto montaje para incriminarlos y así poder desviar la investigación sobre el homicidio, mismo proceso que se cerró y se archivó en 2002.

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El único condenado oficialmente por este hecho fue el jefe paramilitar de las AUC Carlos Castaño, también sindicado de haber sido autor intelectual de asesinatos de otros activistas y reconocidos políticos de izquierda como Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Jaime Pardo, entre otros, así como el haber participado en las masacres de Mapiripán en 1997 y El Salado, en 2000. Condenado a treinta y ocho años de cárcel y a pagar una suma de 790 millones de pesos por el homicidio de Garzón, Castaño fue declarado como reo ausente en 2000 y jamás cumpliría su condena, tras ser asesinado en el año 2004 a manos de alias Monoleche, el escolta de su hermano.

Los años pasaron así como también, luego de ser archivado el proceso y que la justicia hubiera ignorado las peticiones de dejarlo abierto para posibles y futuros cotejos de pruebas, se manifestaron los primeros indicios de manipulación indiscriminada de la información así como también la desaparición de los testigos clave para el curso de la investigación. El ministerio público para el año 2000 cuestionó las declaraciones de una de las testigo clave en el momento preciso del asesinato de Garzón, la cual inspeccionaron detalladamente y luego sometieron a varios exámenes incluyendo uno de optometría. Misteriosamente la testigo identificada como María Teresa Arroyave Montoya, desapareció sin dejar huella.

En Mayo de 2008 el paramilitar desmovilizado de las AUC alias Don Berna, señaló a la banda criminal “La Terraza” como la autora material del homicidio, banda que estaba al mando de Castaño. Un mes después, alias El iguano declaró que el ex subdirector del DAS de ese momento, José Miguel Narváez instigó a Castaño para que asesinara a Garzón. Luego de ello, otras declaraciones de paramilitares desmovilizados como alias HH y alias El alemán coincidieron que el asesinato del recordado periodista fue orquestado por Castaño bajo la petición de los altos mandos militares y políticos de la época, hecho del que luego según ellos, el jefe paramilitar se arrepentiría.

En el año 2011, los hermanos y demás familiares de Garzón demandaron al Estado colombiano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la impunidad sobre el homicidio con el fin de establecer su responsabilidad por haber violado compromisos internacionales. El asesinato que hoy cumple ya quince años se suma a la amplia lista de crímenes perpetrados por los actores armados en armas y que, pudiera ser inclusive declarado como crimen de lesa humanidad siendo parte de una cadena sistemática de homicidios contra la oposición.

En Agosto de 2014 fue recapturado el coronel retirado del ejército Jorge Eliécer Plazas Acevedo, considerado la pieza clave para el esclarecimiento de este homicidio, pues Plazas Acevedo era el jefe de inteligencia de la Brigada XIII del Ejército en el momento en que Jaime Garzón fue asesinado. Inclusive, una de las causas que llevaron a su recaptura fue las declaraciones de varios testigos que aseguraban que el oficial hizo inteligencia a Garzón para luego así poder comunicársela al jefe paramilitar Carlos Castaño.

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No solo de 1997 sino desde mucho antes, la impunidad y el silencio cobarde de la sociedad así como la indolencia por callar esa verdad que defendía Garzón, nos acostumbramos a la muerte y andar tras la sombra de ella. Año tras año y de manera repetitiva cada 13 de agosto los diarios, la radio y los demás medios de comunicación relatan sobre este hecho que presencié cuando tan solo era un niño motivo por el cual, muchos así como yo crecimos tras su legado y comprendimos que era una cuestión de cojones tomar un momento histórico que era el preciso instante en que circundamos la verdad. Su sepelio, al son del sabor latino y carisma único que le caracterizaba su singular carcajada cantando un bolero de las Antillas me dieron a entender años después del personaje intrépido y denodado que era.

Desde su cobarde asesinato silenciaron esa voz que, como Camus diría en algunos de sus libros, ‘la ironía, esa única arma sin precedentes contra los demasiado poderosos’; misma que le pertenecía a Garzón y que dejó de ser una amenaza para políticos, fuerzas militares, la sociedad e inclusive la propia iglesia. A él le pertenecía la risa, era propia de su combate digno, era su trabajo, su labor. Han pasado ya dieciséis años y aún no hay culpables, y de seguro pasarán muchos más desde el momento en que nos lo arrancaron de dentro, sin avisar y sin dar tregua. Se lo llevaron y hoy ya nadie se ríe de este país, ni siquiera yo, ni siquiera usted.

Dali’s Mustache: ‘In Voluptas Mors’

In Voluptas Mors, que traduce en castellano ‘La voluptuosa muerte’, es un épico retrato del genio surrealista del siglo XX: Salvador Dalí. Y lo hizo en colaboración con el fotógrafo Philippe Halsman en 1951. El retrato representa a Dalí posando junto a lo que parece ser una calavera gigante, un tableau vivant que integran siete modelos femeninas, completamente desnudos. Para lograr esta figura, el fotógrafo letón, célebre entre otras cosas por sus retratos a personajes célebres, tardó cerca de tres horas en organizar cada una de las modelos de acuerdo a un boceto hecho por Dalí.

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Lo que inicialmente puede parecer una referencia mera de memento mori, una locución latina que significa ‘recuerda que tienes que morir’, en realidad es una fusión mucho más atípica y compleja en la interacción entre el ‘sexo’ y la ‘muerte’, los dos tabúes más grandes en la historia de la humanidad. La representación se basa en la tradición simbólica del vanitas, en lo insustancial, un estilo artístico que sirvió durante mucho tiempo como un recordatorio de la fugacidad de la vida, los placeres fútiles y la certeza inevitable de la muerte.

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No obstante, es inusual en los retratos de Dalí la incorporación del voluptas expresado a través de desnudos femeninos dentro de una estructura física constitutiva del símbolo del vanitas en sí mismo (el cráneo con rasgos humanos); voluptas es un personaje de la mitología clásica romana, una de las tres Gracias, hija de los dioses Eros y Psique. Entonces, el retrato presenta una sutil fusión del eros, símbolo del amor erótico o sexual,  y el thanatos, símbolo de la muerte, en un solo objeto.

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‘In Voluptas Mors’ se ha convertido, como muchas obras de este genio, en el adalid por excelencia del arte surrealista; el retrato ha sido reinterpretado por otros artistas y utilizado para diferentes propósitos, entre ellos el más famoso fue el que utilizó Jonathan Demme en 1991 en el poster de la cinta ‘The Silent Of The Lambs’, basado en la novela homónima de Thomas Harris. Originalmente, el retrato aparece contenido en un compendio fotográfico que Halsman tituló ‘Dalí’s Mustache’, publicado en 1954.