Salsa

«Cuando niño, mi mama se murió…»

Héctor Juan Pérez Martínez nació en Ponce en 1946, y desde muy pequeño la tragedia a su vida llegó: a los tres, con la muerte de Panchita -su madre- a causa de una tuberculosis y luego, a los diez, con la muerte de su padre, Luis. Así comienza la historia del tipo más incomprendido, malentendido y bandido que ha visto esta música que desde entonces, esperó que llegara su día de suerte aunque siempre su condena fuera padecer en vida las canciones que cantaba. Sin embargo, en su destino estaba sobrevivir a la muerte a través de su voz, esa misma que se grabó en las páginas de un periódico de ayer que hoy sigue siendo noticia. Muy joven y con apenas diecisiete, se aventuró a viajar a Nueva York con el sueño de ser cantante y conocer «El Barrio» donde se convirtió en un irreverente que soneaba al ritmo del bolerista Felipe Pirela. Era un aguacate de noventa libras que llegó para fajarse con los bravos.

Allí, poco a poco Héctor fue perfeccionando su estilo pasando por agrupaciones como The NewYorkers y la orquesta de Francisco Bastar, «Kako», quién luego le hizo partícipe de las sesiones orquestales de la Alegre All Stars para luego, ser bautizado como LaVoe por el empresario Arturo Franquis. Estando en Broadway trabajando durante dos semanas en el Club Habana-San Juan, conoció a Johnny Pacheco quién para entonces producía un álbum para un joven trombonista que bajo las recomendaciones de Mon Rivera y Eddie Palmieri había conformado su propia orquesta llamada «La Dinámica» pero que estaba huérfana de cantante. Era febrero de 1967 y sería en este momento cuando Héctor, auspiciado por Pacheco, conocería con dicho trombonista: Willie Colón.

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De este encuentro, donde la insolente e inexperta voz de Lavoe se unió con el agrio y poco técnico sonido del trombón de Colón, se cocinó en los estudios de Fania Records el primer trabajo de estos dos adolescentes: «El Malo». Era un hecho: esta singular dupla hizo época y era apenas el inicio de una racha de éxitos que conservaban los sonidos que traían del barrio y que le impregnaban con marginalidad a su orquesta con temas como «Guajirón» (1968), «Que lío» (1968), «Guisando» (1969), «Te están buscando» (1969), «No me den candela» (1969), «Tú no puedes conmigo» (1969), «Señora Lola» (1973), «Calle Luna, Calle Sol» (1973) y «Juanito Alimaña» (1983), así como la innumerable cosecha de otros éxitos como «Che Che Colé» (1970), «Ausencia» (1970), «La Murga» (1970), «Todo tiene su final» (1973), «Aguanilé» (1972), «Ah Ah/O-No» (1972) y «El día de suerte» (1973).

Nueva York fue la ciudad que le dio todo a Héctor, y  la misma que se lo quitó, incluso a su nuevo amigo Willie, que en 1974 le entregaría su orquesta. Detrás de esta decisión, estaba la naciente adicción que Lavoe tenía por las drogas, muy lejos de saber que se embarcaba en un crucero de placeres a un desafío contra viento y marea, inocente de los tiburones de agua sucia que se le acercaron como si estuviera sangrando. Así se cerraba este primer capítulo de Héctor Juan Pérez, y con él ese puente entre el pasado y el futuro de la cultura boricua y latinoamericana que se cocinaba con los más sabrosos ingredientes de la música jíbara. Cada quién siguió su camino: Willie como su productor y Héctor, como cantante solista, debutando en 1975 con su primer disco «La Voz», un éxito absoluto en ventas que le convirtió en una de las estrellas de Fania.

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Al año siguiente en su segundo álbum «De ti depende», confirmó su talento como sonero. Era la época dorada de la salsa y Lavoe acariciaba más que nunca la idolatría de sus fans y su condición iluminada con las manos, pero los descuidos y las irresponsabilidades en más de una ocasión acabaron con la disolución de su orquesta. Con el éxito, también aumentaron los abusos de sus pérfidas adicciones acompañadas de severas depresiones y repetidas recaídas que lo llevaron a internarse en el hospital estatal de Creedmore, donde la realidad lo tenía delirando mientras la rumorología de la prensa morbosa contaba que el cantante de los cantantes había perdido sus prodigios vocales por efectos de un maleficio de brujería. Pero todo esto no era más que chisme: ese mismo año grabó «Comedia», una producción con la que deslumbró a sus fanáticos no solo por la inolvidable portada del álbum en la que aparecía vestido como Charlot, sino por el mensaje impreso en éste.

Corría el año 1978 y con la grabación histórica de El Cantante, que se adaptaba a la crisis que Héctor padecía por estos días, fue su momento culminante en la música. La cosa en adelante no sería igual. Al año siguiente grabó dos álbumes: «Recordando a Felipe Pirela» y «Feliz Navidad», que no tuvieron el éxito comercial de antaño y que por poco pasan al anonimato. En la siguiente década, los primeros álbumes que grabó, «El sabio» y «¡Qué sentimiento!», le presagiaban un futuro incierto al Rey de la puntualidad. No obstante, en 1983, nuevamente se reencontró en el micrófono con su viejo amigo Willie con quién haría el álbum «Vigilante» y con el que pretendieron poner el dedo en la llaga de la gloria de otros años atrás con su maleante y nuevo personaje: Juanito Alimaña. De algún modo, Willie y Héctor lo lograron de nuevo.

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Luego de esta producción, que sería la última que haría al lado de Willie, en sus siguientes álbumes poco a poco se ausentaron los buenos arreglos y los aciertos musicales que pretendía, escasearon. Sus letras, poco frenéticas y con un mensaje más allá del hedonismo del malandro de «El Barrio», ocupaban ahora la cuota de éxito. En esta última mitad de la década, aparecieron sus últimos dos álbumes: «Reventó» y «Strikes Back» mientras que, asistía a varios programas de desintoxicación. Lavoe ahora grababa poco, se ausentaba de los estudios de grabación pese a los compromisos y giras que tenía pendientes. El auge y la caída del retrato musical de su obra estaba directamente relacionado con una evolución de la salsa caracterizada por la repetición inútil de soneos y la esterilidad sin criterio de la voz de nuevos salseros como Frankie Ruíz, Eddie Santiago o Lalo Rodríguez, que dominaban el mercado.

Pero la vida le empezaba a cerrar el paso y convertía su camino en tragedia y Héctor vivía su instinto autodestructivo sin descifrar la salida del laberinto de las drogas en el que estaba. Vivía un vértigo voraz en el que una cadena de infortunios imparables: su madrastra, Doña Santos, murió a causa de un cáncer; en 1987 su apartamento en Queens se incendió con todas sus pertenencias dentro; su suegra fue brutalmente asesinada y como si fuera poco, su hijo Héctor Jr. moriría al disparársele accidentalmente un arma de fuego. Ahora, enfermo e inmóvil en la penumbra de sus días y gritando en su lecho recordaba ese día de suerte que esperó pero que nunca llegó. Decidió suicidarse. Él, tan impuntual como siempre, había decidido por primera vez cumplir una cita anticipada: la de su muerte. Pero ésta nunca llegó. El saldo de semejante hazaña reveló una semiparálisis, múltiples traumas y un par de huesos rotos. Su voz: intacta.

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Héctor repitió la triste escena como una caricatura y manipulado por empresarios sin escrúpulos, se presentó por última vez en 1991 en el club S.O.B.’s, en Nueva York. Esa noche nuevamente la tristeza merodeó por las tarimas, porque siempre son tristes los momentos en que se desvanece, ante los ojos de fieles admiradores, la imagen de su ídolo que ahora, provocaba lástima al balbucear sobre un periódico de ayer, llorar por su hijo muerto y seguido de incoherencias, se iba con sus fantasmas musitando para sus adentros incomprendidos «…y nadie pregunta si sufro si lloro, si tengo una pena que hiere muy hondo…» El público enmudeció. Caía un telón sobre el escenario que anunciaba que Lavoe estaba derrotado por la fatalidad de lo que se había convertido. Nunca más volvió. Se internó en el drama de la soledad neoyorkina.

A comienzos de 1992 su estado de salud se complicó y después del hermetismo y del secreto de su diagnóstico, se supo finalmente la verdad: La sangre de Lavoe estaba infectada con el temible SIDA. Pero para Héctor éste no era un drama pues su vida había sido una lucha contra otras enfermedades como la diabetes, pulmonía, tuberculosis y males hepáticos, sin pasar por alto su fuerte adicción al alcohol y a las drogas. Las posibilidades de su contagio son tan innumerables que aún no se precisa con certeza y se generan especulaciones de todo tipo: de su perfil de mujeriego y empedernido; de su drogadicción (intravenosa) y que sin precaución, fuera una aguja infectada la que pudiera ser la causa. Incluso, se discute aún sobre una serie de transfusiones sanguíneas luego de varios intentos fallidos de suicidio.

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Este drama continuó agravándose más para el rey de la puntualidad. Ya estaba perdido para la vida. Nadie volvió a verlo, ni a mencionarlo, y como bruma, se fue desvaneciendo. En diciembre de ese año, un anónimo lo encontró tirado en una fría calle de Nueva York y lo internó en un centro de caridad para enfermos de SIDA. Como lo relata Lavoe en su última composición grabada en 1985: Mi madre dijo: no creas ser un gran tenorio, pararás en un sanatorio y allí tu fama tú has de perder. Fue una sentencia cumplida. Allí, estuvo internado con pocos momentos de lucidez, en los cuales se dedicaba a cantar convirtiéndose en el paciente más famoso del hospital. Al ser desahuciado, su última voluntad era morir en Nueva York y ser sepultado junto a su hijo.

Luego de una complicación médica a raíz de un infarto y pasado el mediodía del martes 29 de Junio de 1993, consecuencia de un segundo paro cardíaco, se fue yendo en silencio el más escandaloso e impuntual cantante de salsa, murió víctima de las amenazas que están acabando con el mundo, del engaño de los negocios, de los disqueros que viven de la venta de sus discos sin pagar regalías. En cuestiones de amor y de amistades, el pueblo fue su cómplice. Él podía mentarle la madre a todo el mundo, y su público se reía. Lo malcriaron. Héctor Lavoe murió triste y vacío, de fracaso, de desamor por la vida, de pobreza, de angustia. La noticia de su deceso fue cubierta por cientos de diarios, fue titular que alcanzó página entera. Así, se convirtió en mártir de la salsa, ese monstruo que ayudó a crear.

 

NOTAS ADICIONALES:

1- El Barrio es una expresión del folklore borinqueño en Harlem, caracterizada por la música latina y por ser la comunidad hispana más grande de Nueva York. Allí, los descendientes boricuas nacidos en este barrio, son llamados «nuyoricans». Este es el caso de Willie Colón, nacido allí el 28 de abril de 1950.

2- “Los bravos”así se refería Willie Colón a Héctor Lavoe. En su carta de despedida «Perdónanos Héctor», cierra su elegía con esta frase, publicada en el diario «El Vocero», días después de la muerte de Lavoe.

3- La Alegre All Stars fue una orquesta conformada en 1961 por Al Santiago, entonces creador del sello discográfico Alegre Records en 1956, conocida como el sello Blue Note de la música latina. Esta orquesta, particularmente producía «Jam Sessions» al mejor estilo de las descargas cubanas.

4-  La conjunción LaVoe («La Voz», en francés) aparece en los créditos de sus primeras producciones junto a Willie Colón, para luego agruparla y llamarse Lavoe. No obstante, el apelativo «La Voz» ya era reconocido en la música con el cantante Felipe Rodríguez.

5-  El Club Habana-San Juan era un famoso club de los años sesenta ubicado en Broadway, en la Calle 138, donde se consolidó la presencia de la comunidad latina y se convirtió en uno de los predilectos y selectos lugares en Manhattan donde triunfó la Era Dorada de la Música Latina.

6- La Orquesta “La Dinámica” (primera orquesta de Héctor Lavoe) se conformaba en este entonces en los trombones por Joe Santiago y el mismo director, Willie Colón; en el timbal, Nicky Marrero; en la conga, Mario Galarza; en los bongós, Pablo Rosario; en el piano, Dwight Brewster; en el bajo, Eddie «Gua Gua» Rivera. Tiempo después saldría Brewster, ocupando su puesto Mark Dimond, rebautizado como «Markolino».

7- El éxito de «La Voz» (primer álbum en solitario de Lavoe) modificó por primera vez la estructura de la Orquesta de Héctor Lavoe, heredada por Willie Colón. Esta vez, modificó la sección de metales de dos trombones añadiendo dos trompetas, las de Ray Maldonado y la de Héctor «Bomberito» Zarzuela. Contó con los arreglos de José Febles, Louie Ramírez y la producción de Willie Colón. De este álbum se destacan temas como «Mi Gente» (Johnny Pacheco), «El todopoderoso» (Willie Colón – Héctor Lavoe), «Rompe saragüey» (D.R.A.), «Emborráchame de amor» (Mario Cavagnaro) y «Un amor de la calle» (Orlando Brito).

8- El álbum “De Ti Depende” contó con los mismos músicos de «La Voz», al que se le sumaron los nuevos arreglos de Luis Perico Ortíz y el pianista Edwin Rodríguez, miembros del conjunto de Johnny Pacheco, con la particularidad innovadora del uso de grandes secciones de los violines como sección melódica. De este álbum se destacan temas como «Periódico de Ayer» (Tite Curet Alonso), «Vamos a reír un poco» (Perucho Torcat), «Hacha y machete» (Enildo Padrón) y «Mentira (Salomé)» (D.R.A.).

9 – Para los críticos, «Comedia» es el mejor álbum de todos los que grabó Lavoe, alcanzando el Disco de Platino. Luego de «De ti depende», se produjeron varios cambios al interior de la orquesta de Lavoe, entre los que se destaca la incorporación del pianista Gilberto «El pulpo» Colón, en remplazo de Joe «El profesor» Torres. La dirección de la orquesta de nuevo estuvo en manos de José Mangual Jr., y de José Febles. De este álbum, se destaca «El cantante» (Rubén Blades), «Por qué te conocí» (D.R.A.), «Bandolera» (Víctor Cavalli).

10- Recordando a Felipe Pirela” es el primer álbum en su totalidad que contiene boleros al estilo único de Lavoe, con el que pretende evocar el sentimiento y la admiración de su ídolo, el «Bolerista de América», Felipe Pirela. Además, es el primer álbum de Fania Records hecho fuera de Nueva York. De esta producción se destacó «Sombras nada más» (José María Contursi – Francisco Lomuto). Con este álbum, Fania aprovecharía con esta producción los altos índices en ventas en Venezuela, patria de Pirela. Por desgracia, en este álbum no se incluyeron más boleros memorables.

11- “Feliz Navidad” es quizás de las más desconocidas producciones musicales de Héctor Lavoe. Contó con la invitación de estrellas musicales como el tresista Yomo Toro (con quién había trabajo en 1975 en la producción del álbum «The good, the bad, the ugly») y Daniel Santos.

12-  El álbum “El Sabio”, grabado en 1980 recibió elogios por las nuevas versiones de «El Sabio» (Tito Rodríguez) y «Noche de Farra» (Armando Dwolff), dos clásicos de los años cincuenta. De igual manera, pretendió revivir la memoria de Tito Rodríguez y Celio González con los temas «Para Ochún» (D.R.A.), «Aléjate» (Raúl René Rosado) y «Lloré» (José Febles). Los temas «Plazos traicioneros» (Luis Marquetti) y «Ceorá» (Lee Morgan) no alcanzaron mayor popularidad.

13- “¡Qué sentimiento” es el primer y único álbum producido en su totalidad por Héctor Lavoe. Pese a contar con los arreglos de José Febles, Luis Cruz y Luis Perico Ortíz, no alcanzó el éxito en ventas esperado. De este álbum se destacan los temas «Lo dejé llorando» (Sammy Ayala), «Soy vagabundo» (Enildo Padrón) y «El Son» (D.R.A.). El tema «Tú bien lo sabes», aunque aparece acreditado aquí, no está grabado en la producción.

14- El álbum “Vigilante” fue la última producción que haría junto a Willie Colón. De esta producción, que contenía únicamente cuatro cortes, se destacaron los temas «Juanito Alimaña» (Tite Curet Alonso) y «Triste y Vacía» (Luis López Caban), ambos en la voz de Lavoe. Los dos restantes, pasé la noche fumando y el tema Vigilante, homónimo que bautizaría el álbum, pasaron casi por desapercibido en las estaciones de radio.

15-  El álbum “Reventó” contó con la grabación de la última modificación orquestal que se haría al interior del conjunto de Héctor Lavoe, ahora con la participación de Isidro Infante en el piano. De este álbum se destacan los temas «De qué tamaño» (Reynaldo Armas), «Déjala que siga» (Edgardo Donato), «Cáncer» (Joe Jackson) y «La Fama» (última composición de Lavoe en ser grabada).

16- “Strikes Back” es el último álbum de estudio de Héctor Lavoe, grabado en Marzo de 1986. Contó con los arreglos de Marty Sheller. Para la sesión de su grabación, se tenía pensado hacerse la grabación de 16 temas distribuidos en dos álbumes. De manera irregular, con 8 temas grabados y compilados en un álbum, se publicó en 1987. Se destacaron los temas «Ella mintió» (adaptación del éxito «Él me mintió», de la baladista argentina Amanda Miguel), «Escarcha» (Johnny Ortíz) y «Ponce» (Tommy Sánchez).

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Del machismo, la censura y otros demonios…

Por estos días, Cuatro Babys, el más reciente lanzamiento del cantante Maluma en colaboración con Noriel, Bryant Myers y Juhn All Star, artistas de la escena urbana, ha sido objeto de indignación en redes sociales donde la disputa entre los que están en favor y en contra, gira en torno a lo explícito de sus letras que atentan y denigran contra la mujer, donde se habla de ellas como un objeto de deseo sexual. Pero el problema en sí no es Maluma, ni la canción, ni los que la escuchan, la bailan o la defienden; el problema es el machismo y la cultura que nos envuelve. Y es que el reggaetón ha gozado siempre de una fama inconfundible; letras burdas, obscenas, sugestivas y ordinarias son su columna vertebral, pero sobre todo si tiene en ellas contenido sexual y hay una mujer de por medio.

Lo demás ya es ritmo y sonido que ha conquistado discotecas y mentes de viejas y nuevas generaciones. Pero como todo, no falta quien se santigüe y se sonroje con letras como Mala conducta o Wow bellaquita. Lo cierto es que con toda esta controversia, la palabra ‘misógino’ se está usando muy a la ligera y como si fuera poco, aquí ningún género musical se salva. Señalar que el reggaetón es un género musical machista es una obviedad, pero no tanto si se trata de hacerlo ver más especial que los demás. Por eso, he traído unas joyitas para ejemplificar este caso que, sin intentar justificarse sobre lo que hoy se toma las redes, hacen parte de nuestra cultura y que sin altivez, forman parte de nuestra idiosincrasia.

En primer lugar, traigo Amablemente, una paradójica y triste milonga de la autoría de Iván Díez, periodista y poeta argentino, popularizada en la voz de Edmundo Rivero. Y es que sin ser sorpresa, el tango no sería hoy lo que es sin el machismo perfumado en él:

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El mundo de la ranchera también en sus letras, ha tenido la dura presencia del charro mexicano que se ve engañado, traicionado por mujeres y que como si fuera una solución única, decide asesinarlas sin dejar rastro, así como inundar sus venas en licor para olvidar el desengaño. José Alfredo Jiménez con Sonaron cuatro balazos, composición suya de cuando apenas era un adolescente y que grabó en 1963, es prueba de ello:

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También, el recién fallecido Divo de Juárez, tampoco se hizo esperar, pues entre sus letras existen algunos versos que representan crudamente el dolor de una traición de amor, donde la venganza y la humillación de la mujer son el aliciente que puede curar a un hombre en su perfidia. En 1983, Juan Gabriel lanza su álbum ‘Todo’, donde incluye el clásico La farsante:

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Uno de los géneros musicales más populares y bohemios en nuestro país, ha tenido figuras destacables como el Caballero Gaucho, Tito Cortés, Gabriel Raymond y el inolvidable Alci Acosta. La temática de sus letras, sin ser indiferente a géneros hermanos como el tango o la ranchera, hace una elegía hacia la violencia contra la mujer. Éste último, grabó en 1972, La cárcel de Sing Sing, que también fue popularizada en otras voces como José Feliciano y Felipe Rodríguez, del que extraigo este particular verso:

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La salsa no podía faltar. Y es que hay unas joyitas que parecen no ser ciertas si de letras se tratara, que con tan solo leerlas, les quita toda la sabrosura y la gozadera que trae consigo desde el Caribe. Ismael Miranda, Héctor Lavoe, Ismael Rivera e incluso, La Sonora Matancera hacen parte del catálogo de letras que tienen un lenguaje violento más allá de la sandunga:

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¿Sorprendidos?, eso no es nada. Es que ni el chucu chucu que llega a fin de año y nos recuerda que estamos en diciembre, se escapa de las letras que en medio de la sorna y el doble sentido toma la mujer como inspiración para hacer de las suyas y quién mejor que el rey de diciembre, Guillermo Buitrago para recordárnoslo:

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El vallenato, que constituye el arquetipo del folklore y del género musical por excelencia de nuestro país, ha tenido una hegemonía machista bastante singular. Mientras una generación de juglares se dedicó a conquistar las mujeres costeñas con sus sones, paseos y merengues, esta última no aprendió muy bien dicha lección. O al menos eso es lo que prueban estos reconocidos versos vallenatos:

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Y si nos seguimos paseando por el Caribe, llegaremos a República Dominicana, tierra del sol, mujeres bellas, paisajes hermosos y cuna del merengue, la bachata y los sonidos cibaeños. El primero de estos, ha perdido vigor y fuerza en los últimos años, tanto al punto que amenaza con desaparecer de la escena musical, luego de su época de oro con la que todos vibramos al compás de las locuras de Wilfrido Vargas, Cuco Valoy o Los Hermanos Rosario. Pero no todo es como lo pintan en esta isla paradisíaca, pues los altos niveles de machismo y de casos de violencia a la mujer contrastan con la belleza de sus playas.

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Versos como el anterior, retratan la negra realidad que tiene República Dominicana, país de origen, tránsito y destino para el tráfico de personas, en especial, mujeres y víctimas de trata. Es penosamente, el tercer país en el mundo con estos altos índices. No obstante, sin pasar por alto ni desconocer el auge que ha tomado la bachata en los últimos años, traje esta joya que se baila en discotecas y que en ocasiones, su letra pasa por desapercibida:

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Sin embargo, no todo lo obsceno, machista y misógino retrata la cultura musical del Caribe ni de Latinoamérica, pues si echamos un vistazo al mundo anglo, también encontramos joyas como estas que, penosamente, retratan una violencia en medio de grandes voces como John Lennon junto a The Beatles y Adam Levine junto a Maroon 5: Gettin Better, una composición de Paul McCartney escrita para el álbum ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ de 1967:

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En 2014, la banda norteamericana Maroon 5 publica ‘V’, su quinto trabajo musical, del que destaca su sencillo Animals, compuesto por Adam Levine junto al rapero Benny Blanco y Shellback, productor del álbum. El éxito de Animals fue arrollador, alcanzando los primeros lugares en los charts de Billboard para ese año. ¿Y la letra?, juzguen ustedes:

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Para terminar con estas joyitas de la música, se destacan dos piezas que pierden toda censura, y explícitamente hicieron escándalo y provocación en su tiempo y que, para bandas como Rammstein, les nutre en popularidad y demarca su estética como agrupación. En 2005, la banda alemana lanzó el trabajo titulado ‘Rosenrot’, donde incluye su única canción en español, Te quiero puta:

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Cerramos esta nota con la banda de rock mexicana Molotov, que se conformó a mediados de 1995 y que finalmente logró fama internacional en 1997 con su primer álbum ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, producido por el reconocido Gustavo Santaolalla del que se extrae esta perla, opinen ustedes:

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Con todo lo anterior, sorprende la prepotencia y la ínfula intelectual con que detractores del tema dicen hablar con propiedad y con la moral necesaria para hacerlo. Pero me pregunto, ¿con qué autoridad intelectual o académica alguien puede atreverse a criticar todo lo que no le parece?, cuando bien sabemos que todos somos producto de una infinidad de modas absurdas que imperaron en su tiempo y que hoy siguen a la vanguardia con una enorme cantidad de basura de consumo.

Lo cierto aquí es que vivimos en un mundo de constantes miedos, inundado de una sensación psicótica de pretender callarlo todo, ser políticamente correcto y perseguir como si se tratara de una cacería de brujas, todo lo que no le gusta, lo que le indigna y como si fuera poco, tomarse el derecho de censurarlo. Sin apelaciones al sentir populista, es válido aclarar que la música no educa a los hijos de nadie, ni nos educó a nosotros. Quienes educan son las escuelas, colegios, universidades. La música no educa, pero cumple con su antiquísima función: entretener y comunicar, porque es el lenguaje que se envuelve en la idiosincrasia y la cultura de los pueblos, cuales quiera que fueran.